LOS SECRETOS DE LA ALCOBA DE JADE

Durante las relaciones sexuales, para que el hombre pueda hacer los movimientos correctos en el momento indicado debe antes aprender a observar e interpretar los signos vitales de su compañera y los suyos propios, y a responder adecuadamente a ellos. En vez de agitarse frenéticamente en la oscuridad, debe mantener su atención concentrada en los Cinco Signos y las Diez Indicaciones de su compañera y regular la profundidad, el ritmo y el ángulo de sus penetraciones según las reacciones de ella. Ha de permanecer tan alerta y vigilante como un jefe de cocina ante sus fogones, tan cauteloso como quien galopa sobre un caballo con las riendas a punto de romperse. Si aprende a interpretar los indicadores en el sinuoso camino que conduce al orgasmo de la mujer, el hombre podrá dominar sin problemas el arte de reaccionar oportunamente ante el intenso tráfico de esa ruta.
Cuando la estimulación previa ya ha lubricado a la mujer con sus secreciones sexuales y dotado plenamente al hombre con los Cuatro Logros de la erección, ha llegado el momento de «introducir al Embajador» en el Portal de jade y «presentar sus credenciales» en el Palacio Celestial. El protocolo exige que esto se haga de forma lenta y respetuosa. Tras encontrar un apoyo firme en el interior, el hombre debe comenzar con una serie de pausados empujes superficiales, presionando firmemente con la base del pene sobre el monte de Venus para frotar el clítoris con su miembro, antes que deslizarlo hacia adentro y hacia afuera. Al minimizar el rozamiento sobre el sensible glande masculino y maximizar la estimulación del sensible clítoris femenino, se logra armonizar las divergentes exigencias del Yin y del Yang.
A medida que va avanzando el acto, el arte de la alcoba requiere que el hombre responda a las diversas reacciones de la mujer con la clase de penetración más apropiada. En El misterioso señor de la cueva, Li Tung-hsuan, el médico de la dinastía Tang, nos explica el arte de la adecuada penetración:
Los empujes profundos y los superficiales, los lentos y los veloces, los rectos y los ladeados, no son en absoluto lo mismo. Cada uno de ellos posee sus propias características y produce efectos únicos. Un empuje lento debe parecerse al movimiento de un pez atrapado en el anzuelo, mientras que uno veloz debe ser como el vuelo de las aves contra el viento… Hay que aplicar cada estilo en el momento apropiado y no limitarse obstinadamente a un solo estilo por mera pereza o comodidad personal.
Los libros de almohada taoístas conceden gran importancia al estilo y al número de los empujes que el hombre efectúa durante el coito. Con frecuencia mencionan «un millar de empujes» como medida correcta para satisfacer por completo a una mujer. A los no iniciados, esto debe sonarles como una versión sexual del maratón de Nueva York; en la práctica, empero, un millar de empujes equivalen más o menos a media hora de hacer el amor, lo que no es mucho tiempo para un amante taoísta. Comparemos esta recomendación con la menguada medida de potencia masculina que nos sugiere el autor norteamericano David Reuben en Todo lo que siempre había querido saber sobre el sexo:
Un criterio razonable para la potencia masculina es la capacidad de mantener el coito durante 5 o 10 minutos. En este tiempo, un varón de potencia normal realizará entre 50 y 100 empujes pélvicos.
Una vez más, Reuben escribe exclusivamente desde el punto de vista de un varón sexualmente confuso, sin referirse para nada al punto de vista femenino. Su «criterio» de 50 a 100 empujes pélvicos y su coito de 5 o 10 minutos apenas bastan para que una mujer sana llegue al Segundo Signo y a la Tercera Indicación de placer, y, desde luego, no definen la medida de un taoísta «de potencia normal».
Los textos taoístas proponen una amplia gama de estilos de penetración, invariablemente descritos por medio de poéticas metáforas que ya realzan de por sí la estética del acto. En El misterioso señor de la cueva, Tung-hsuan enumeró algunos de tales estilos:
• Presione firmemente con la raíz del Tallo de jade sobre el montículo situado encima del Portal de jade y ejerza una acción de sierra sobre el Portal como si quisiera abrir una ostra para alcanzar la Perla Preciosa de su interior.
• Penetre profundamente en el Portal de jade y a continuación retire lentamente el Tallo de jade deslizándolo sobre la Hondonada Dorada, como si quisiera cortar una piedra en busca del valioso jade.
• Utilice el Tallo de jade para empujar vigorosamente en la región de la Terraza de Jade, como quien utiliza un mortero para moler sustancias medicinales.
• Mueva el Tallo de jade hacia adelante y atrás con empujes lentos y cortos en el interior del Palacio Celestial, como un granjero ara su campo para sembrar las semillas.
• Apriete el Tallo de jade contra el Portal de jade y frótelo con fuerza, como dos avalanchas que se encuentran a mitad de camino.
• Utilice el Tallo de jade para golpear a derecha e izquierda, como un bravo guerrero que trata de abrirse paso por entre las filas del enemigo.
• Mueva el Tallo de jade de arriba abajo, como un caballo salvaje corcoveando a través de un torrente.
• Haga una serie de empujes profundos y superficiales en rápida sucesión, como una piedra enorme que se hunde en el mar.
• Introduzca el Tallo de jade lentamente, como una serpiente que se arrastra hacia un agujero para esconderse.
• Hunda el Tallo de jade rápidamente, como un ratón asustado que corre a un agujero para esconderse.
• Levántese hacia lo alto y desplómese muy abajo como un gran velero que surca un mar tempestuoso.
Al practicar los diversos tipos de penetración, las parejas no tardan en descubrir cuáles son los que más les convienen en cada circunstancia. El Tao ofrece «distintas caricias para personas distintas», según el físico, los sentimientos y las preferencias personales. Y, puesto que el acto sexual taoísta dura mucho más que el coito convencional que Reuben califica de «normal», la diversidad de técnicas evita la monotonía de una misma maniobra repetitiva y proporciona al amor la chispa de la variación.
La Muchacha Sencilla y otros sabios taoístas parecen recomendar especialmente la secuencia de nueve empujes superficiales y uno profundo, sobre todo para los principiantes. Dicha secuencia consiste en nueve empujes consecutivos de tipo «molienda», ejerciendo la frotación entre la raíz del pene y el monte de Venus, seguidos por una larga y pausada retirada hacia los Brotes de Trigo y un poderoso y veloz «empuje profundo» para regresar al Palacio Celestial. Tenga en cuenta que el «empuje superficial» se realiza desde una posición de penetración profunda, mientras que el «empuje profundo» conlleva una retirada a profundidades menos hondas. 
El momento en que el hombre ha de prestar mayor atención se presenta cuando la mujer llega a las últimas fases de los Cinco Signos y las Diez Indicaciones, y comienza a estrecharse con urgencia contra él ante la inminencia del orgasmo. Si el hombre no es cuidadoso, la creciente agitación de su pareja y sus contracciones pélvicas estimularán en exceso la Cabeza de Tortuga y le harán eyacular, lo cual le dejará sin aire en las velas justo cuando la mujer se halla a punto de cruzar la línea de meta. Esto puede resultar muy frustrante para ambos compañeros y, si se convierte en la regla más que en la excepción, fácilmente puede estropear sus relaciones. Es precisamente en esta etapa del coito cuando el hombre más va a apreciar las ventajas de la penetración profunda con «empujes superficiales», que desplazan el punto de fricción desde el sensible glande a la raíz del pene, donde a él menos le excita y más estimula a la mujer. Este tipo de empuje, combinado con la respiración profunda y el bloqueo del esfínter anal, permite al hombre responder indefinidamente incluso a las más vibrantes sacudidas de la mujer al borde del orgasmo, sin riesgo de eyacular prematuramente.
LOS SECRETOS DE LA ALCOBA DE JADE

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